sábado, 1 de febrero de 2014

Hoy desperté



Hoy desperté.

El sol brilla blanco, duro, frío. La luz que me baña hace que la piel grite. Gritos agónicos inaudibles. La luz me sofoca. La luz me oprime. La luz me encierra dentro de mi propio cuerpo.

Respiro. Camino aunque los pies pesan. Las plantas sangran pero no duelen. No hay rastro de sangre sobre el pavimento: se niega a recibirla. Ningún uso tiene mi sangre. Los dioses oscuros no aceptan ofrendas, sólo las arrebatan.

No puedo detenerme. No quiero detenerme. Él me persigue. Me observa desde todas partes. Lo siento en la nuca, cuando volteo. Lo siento aunque la luz ilumine todo y no lo vea. Él sabe que sé que me sigue y se regocija en ello. Sabe que la tierra no quiere mi sangre. Sabe que estoy maldito y que por eso le pertenezco.

Él llegó a mí sin que yo lo buscara. Nadie me advirtió que me busca. Nadie me advirtió que me perseguiría. Nadie dijo que le pertenezco ni que vendría a reclamarme. Yo nunca lo negué. Nunca lo evité. Jamás supe que existía.

Miento. Siempre lo supe mas nunca quise darme cuenta que él estaba ahí. A cada paso, a cada respiración. Desde que fui creado le pertenezco. No por omisión, no por sacrificio. Le pertenezco simplemente por existir. Él no es mi amo pero tiene control sobre mí. Un control que, a veces, me hace creer que es mío. Todo es mentira. Yo soy una mentira. Lo que veo, lo que toco, lo que huelo, lo que siento. Todo lo provoca él. Quiere confundirme y sabe que puede lograrlo. Frente a él soy nada si bien él sabe que no lo es todo.

Dirigí mi vida, la que yo creía que era mía. Le di molde y seguí los argumentos que yo creía válidos. Participé. Defendí mis acciones. Me refugié en creencias fútiles, banales, insubstanciales. Luego ocurriste. Me di a ti. Fue tuya mi mente, mis acciones, mi cuerpo, mi pensamiento. Fui tuyo y abandoné lo que creí mío. Todo lo que soy fue tuyo. Tú nunca pudiste verlo. Y si lo viste, fue desde lejos. Estabas tan lejos.

Yo caí. Nunca dejé de caer. Ese pozo de oscuridad me tragaba. Comencé a resistir pero el abandono me llenó. Tocó cada parte de lo que me da forma. Se aferró de cada pared en mi mente. Cerró cada puerta, cada ventana. Todo era ese manto fusco. Yo te veía en la ausencia de luz y te vi cual realmente eres. Sentí asco. Luego el asco se volvió contra mí mismo. Por creer en ti. Por querer lo infértil, lo irreal.

Choqué contra el fondo. Mi cuerpo se quebró. Yací en el vacío contemplando lo exterior. Y así permanecí.

Pasó un silencio eterno. Olvidado ya lo que fui, mi consciencia chilló. Un grito nuevo. De angustia, de desesperación, de asombro, desatado. Libre. Ese grito recorrió los despojos que eran mi existencia. Lo electrizó. Los hizo sentir. Sentir. Fui consciente. Fui consciente. Supe que estaba en el fondo. Supe que ese no era mi lugar. Supe que podría seguir cayendo. Tuve miedo de volver a ser. Y de nuevo fui.

Sin embargo cambié. No renací: decidí. Lo que alguna vez fui no soy. No seré. Él vino a buscarme y yo tomé su mano. Te dejé en ese abismo. Te arranqué de mí hasta que fuiste mugre en la nada. Fui lo que soy y él me mostró lo que podría ser. Supe que tenía que salir y supe que podría. Paredes eternas, sin lugar para asirse. Perdí las uñas al clavar los dedos en la tierra. Mis dedos sangraron y los dioses tomaron mi sangre. Me aferré y continué subiendo. No me detuve. Mi cuerpo pesaba. Mis dedos no respondían. Yo seguí montando y cuando llegué al exterior todo me deslumbró. Él me tendió los brazos y me sostuvo. Estuve fuera. Fui yo. Conocí lo que fui en ese instante. Lloré.

Ahora estoy de pie y él me persigue. No sé cuánto he caminado. No sé cómo llegué aquí. Él me persigue. La luz me hiere. Estuve lejos tanto tiempo que ahora me desconoce. Sangro pero la tierra no recibe mi sangre. Doy la vuelta y lo veo. Su existencia incorpórea. Lo veo, lo siento.

Él no me persigue, porque yo no le huyo. No es mi dueño, porque me rindo ante él. No me domina, porque me abandoné a él. El tiempo me sacó de ti y ahora amenaza con destruirme. Nunca lo hará, sin embargo. Yo lo recibo. Él no me persigue ni yo le huyo. Ahora lo veo, ahora lo entiendo. Yo nací en él. Domino el instante que existo porque soy parte él. No me arrasará ni lo evitaré. Nos hemos encontrado, la tregua ha terminado. Me ha salvado de ti y además me ha recompensado. Soy libre para decidir y para actuar. La tierra rechaza mi sangre, porque ya no soy la víctima. Ya no soy parte de la ofrenda. Me rebelé y lo acogí. No dormía, pero desperté.

Yo decidí.

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